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Aseguran científicos escoceses que existe una fuerte relación entre la testosterona, las hormonas del estrés y un sistema inmunológico sano que al conjugarse hace al rostro de un hombre inconscientemente atractivo para las mujeres.

De acuerdo con Fhionna Moore y otros investigadores de la Universidad de Abertay Dundee en Escocia, existe una marcada relación entre la testosterona, las hormonas del estrés, el atractivo facial masculino y un sistema inmunológico sano que lleva a las mujeres a sentirse inconscientemente atraídas por hombres con apariencia saludable, signo este de un fuerte sistema inmune.

La psicóloga escocesa asegura que “entre más antibióticos produce un hombre como respuesta a una vacuna, más atractivo es su rostro”, añadiendo además que la testosterona completa la triada de encanto y sistema inmunológico: “entre más testosterona, un sistema inmune más fuerte y más atractivo en el rostro”. Por último para completar el cuadro, Moore encontró que estos lazos de la testosterona se intensifican en una situación de estrés mínimo, donde interviene el cortisol, una hormona liberada en situaciones de tensión.

Este “coctel hormonal” se descubrió en un experimento en el que luego de vacunar a 74 voluntarios de nacionalidad letona que rondaban los 20 años de edad y medir su reacción en cuanto a anticuerpos generados y niveles de testosterona y cortisol, se les pidió a 94 mujeres que los clasificaran según su atractivo en una escala que tenía al 10 como máximo valor.

En la prueba, los hombres con una fuerte reacción de anticuerpos —originada en un sistema inmune perfectamente saludable— fueron al mismo tiempo los que tenían más altos niveles de testosterona y mayor atractivo para las mujeres. Del lado opuesto, los voluntarios con bajos niveles de la hormona masculina por antonomasia mostraron altas concentraciones de cortisol, lo cual sugiere que su reacción humana pudo estar inhibida por esta sustancia.

En este sentido, resulta curioso que la atracción de las mujeres por los hombres sanos podría verse limitada por la hormona del estrés.

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