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Un puequeño pueblo en España ha aprobado la plantación de marihuana para el autoconsumo como una medida para salir de la crisis económica, dando pie a un interesante debate jurídico

Un pequeño pueblo catalán ha decidido autónomamente designar una de sus tierras para el cultivo de marihuana con fines de autoconsumo. Este celebrable ejercicio de libertad ejecutiva, pese a que ha recibido el apoyo popular de gente de todo el mundo, ha generado controversia y amenazas legales al interior del gobierno de Cataluña.

El pleno municipal de Rasquera aprobó el miércoles sacar adelante el proyecto de ceder un terreno a la Asociación Barcelonesa Cannábica de Autoconsumo (ABCDA) a cambió de la generación de unos 40 empleos y de recibir 1.3 millones de euros en dos años, algo que incluye otros proyectos de cultivo de cañamo.

Hoy el conseller de Interior, Felip Puig, ha advertido que si se materializa esta medida la policía actuará llevando el caso ante un juez, en lo que se puede leer como una amenaza.

Sin embargo, el alcalde de Raquera, Bernat Pellisa, ha defendido el derecho de su localidad y las bases jurídicas de su decisión, argumentando que tiene estudios que muestran que la plantación de cannabis para el autoconsumo, aunque participe una corporación local, es permitida por la ley.

Pellisa ha asegurado que cuenta con una mayoría social en el pueblo que avala este proyecto, y ha dicho sentirse “pionero a nivel europeo” y “convencido de crear un precedente”. “Y responsable de mis obligaciones”, ha añadido tras acabar el pleno.

Veremos en que termina el caso, lo cierto es que si los habitantes de Rasquera logran salirse con la suya sentarán un inspirador precedente para diversas comunidades en todo el mundo y un pequeño pero significativo golpe a los intereses trasnacionales que controlan el negocio de las drogas ilegales.

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