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En un postulado que quizá tomé por sorpresa a algunos pero, en cambio, confirme lo que muchos otros ya sospechaban, Kevin Drum sugiere en el sitio Mother Jones unas de las posibles transformaciones que Internet está operando en las mentes humanas —de tan sostenido y cotidiano como es su uso—, volviendo a la gente inteligente más inteligente y a la gente tonta más tonta.

Esto tomando como referencia por lo menos una práctica más que frecuente cuando se navega en la Red: la acción de buscar. “Un sitio provee una respuesta sumamente precisa pero espectacularmente equivocada”, escribe Drum.

Y es que dice el articulista que Internet contribuye a ampliar lo que llama la “desigualdad cognitiva”, una brecha cada vez más amplia que separa a los inteligentes de lo que no lo son tanto en un aspecto muy particular: la capacidad de formular las preguntas correctas para obtener la respuesta correcta.

La moraleja de la historia: Internet hace más tonta a la gente tonta y más inteligente a la gente inteligente. Si no sabes cómo usarlo o no tienes el contacto para realizar las preguntas correctas, terminarás con la cabeza llena de sinsentidos. Pero si sabes cómo usarlo, es un compendio infinito de información.

Drum equipara este fenómeno a la desigualdad económica propiciada por los procesos globalizadores, por lo cual, en el mismo sentido, por supuesto que es un fenómeno en el cual no debiéramos regodearnos sino, por el contrario, intentar incurrir en él lo menos posible.

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