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“La imaginación es ese mundo real y eterno del cual este universo vegetal no es más que una sombra borrosa”

William Blake

“Las personas que se recargan demasiado en la lógica, la filosofía y la exposición racional, terminan por marginarse de la mejor faceta de la mente.”

William B. Yeats

“La imaginación es la voz del atrevimiento. Si hay algo realmente divino en Dios, es eso. Se atrevió a imaginar el todo.”

Henry Miller

La imaginación es ese recinto al cual originalmente todos accedemos por naturaleza y que permite extender, literalmente, los márgenes de la “realidad”. Hay quienes aseguran que incluso es el pulso original del nuestro y de todos los universos posibles. Una “herramienta” utilizada tanto por hombres como por dioses (si es que acaso no somos los mismos), que alude al eco de un suspiro arquitectónico a partir del cual se diseñó el todo. A lo largo de la historia, algunos de los más ilustres seres humanos le han rendido tributo, con apasionada devoción, a esta, en esencia indescriptible, acompañante de la conciencia.

Pero la imaginación no solo nos permite ser ingenieros de realidades o dar a luz escenarios, seres y sucesos que eluden las reglas de lo establecido, sino que representa una especie de guarida, de jardín secreto, en el cual podemos cobijarnos de los tiempos lineales, los espacios finitos y otras varias anti-bondades de la lógica aristotélica. Y en este sentido la imaginación resulta un factor decisivo para la existencia de uno de los estados más anhelados por el ser humano a través de los siglos: la libertad.

Y precisamente es la imaginación la musa, y a la vez el destino final, del Códice Seraphinianus. Esta obra, considerada por muchos como el “libro mas extravagante que jamás se haya publicado”, representa un cúmulo de parodias surrealistas, lúcidamente canalizadas a través de una intrigante estética y un hermoso desorden. Obra del artista, diseñador y arquitecto Luigi Serafini, esta especie de almanaque alucinatorio fue publicado por primera vez en 1981 por el afamado editor Franco Maria Ricci.

Desde una cierta perspectiva, este documento es una proyección cartográfica de la neuro-creatividad de su autor (¿el territorio hace al mapa o en realidad se entretejen mutuamente?). Pero más allá de imágenes de parejas copulando que transmutan en cocodrilos o máquinas inéditas de abstracta sofisticación, Serafini llevó su manifiesto anarco-imaginario a otro nivel: ensayó la creación de un alfabeto y lenguaje propios, además de recurrir a un extraño sistema numeral para organizar la paginación.

En cuanto a lo primero, el alfabeto endémico, ningún lingüista ha sido capaz de decodificar este extravagante lenguaje inventado por el propio autor. En una ponencia realizada en la Sociedad de Bibliófilos de la Universidad de Oxford, en 2009, Serafini afirmó que en realidad se trata de un lenguaje asémico, pues es de sintaxis abierta, es decir, que no tiene sentido. De acuerdo con él, su intención era la de acompañar sus ilustraciones, hechas a mano, con textos que nadie pudiese entender, remitiendo así a la experiencia infantil de enfrentarse con un texto y, al no poder entenderlo, simplemente liberar la interpretación, ejerciendo así, plenamente, su imaginación. Sin embargo, a pesar de las declaraciones del autor, muchos consideran aún que existen significados ocultos detrás de los escritos incluidos en el códice, aunque hasta ahora solo se ha logrado distinguir ciertas similitudes con la estructura de los lenguajes occidentales, además de ciertas alusiones a la escritura semita y el hecho de que consiste en una caligrafía curvilínea.

En lo que se refiere al sistema numeral que utilizó Serafini en la paginación de su obra maestra, se logró comprobar que está basado en el número 21. Esto quiere decir que cada número se expresa a partir de una suma de 21, y Serafini recurre a diversos símbolos conjugados para ir enumerando las paginas.

El Códice Seraphinianus está estructurado en once capítulos temáticos:

I – Flora: describe exuberantes flores y árboles fantásticos.

II – Fauna: quimeras y seres de otros planos.

III – Alude a un reino de extrañas criaturas bípedas.

IV – Este capítulo es una especie de tour por las leyes químicas y biológicas de un mundo impenetrablemente abstracto.

V – Estrambóticas máquinas, vehículos y dispositivos.

VI – Meta-antropología y bio-sociología.

VII – Historia, demografía y antropología calendárica.

VIII – Una descripción del extraño sistema escritura utilizado en el códice.

IX – Gastronomía y moda.

X – Juegos y deportes

XI – Arquitectura

La naturaleza enciclopédica del Códice Seraphinianus —que, por cierto, ha inspirado a gente como Italo Calvino y Roland Barthes— lo dota de una identidad ligada a la clasificación, es decir, a la organización de los elementos que emanan de la percepcion de alguien y que se organizan de acuerdo con sus propios parámetros, para luego ser compartidos con alguien más (consumando así un acto de transfusión perceptiva).

Y precisamente esta forma de convidar es la que anima las hebras que, a su vez, entretejen el pasado, el presente y el futuro de nuestra realidad. Es así como van gestando acuerdos cognitivos, psicosociales, en busca de edificar un espacio compartido, en el cual todos, o al menos el grupo de personas al cual ha llegado directa o indirectamente esta transfusión, puedan encontrarse. Y al ser integrado a esta “realidad” convencional o compartida, no solo debes de considerar los elementos propios del escenario para definir tu conducta, sino que idealmente debieses, a la vez, aportar nuevos ingredientes que han sido diseñados en tu propio caudal imaginario. ¿O acaso lo que conocemos como “realidad” no es más que una orgiástica interacción de ideas, previamente imaginadas? Como dice Baudrillard: “Detrás de todo objeto real, hay un objeto soñado”.

En este sentido el Códice Seraphinianus no es solo una enciclopedia alucinatoria o un bestiario ilusorio: es un manifiesto que busca, más alla de tributar el pulso primigenio, la imaginación, invitarnos a concertar un activo compromiso con el mas preciado de nuestros roles como seres humanos: somos creadores de realidades, arquitectos de información y todos, sin excepción, aunque en muchos casos sin haberlo hecho consciente, hemos creado nuestros propios Códices Seraphinianus —ahora solo nos resta compartirlos.

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