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La ciudad, obsoleta, necesita ser desmantelada; su economía destruye la fuente de nuestro progreso, el paisaje; en él, la necesidad de amurallarse se extingue, intuímos ahora un horizonte desolador, sus consecuencias, -el artificio-, nos desconecta de la verdadera realidad natural que nos ampara, en vista a una inminente extinción, debemos articular nuevos, pero ya existentes, mecanismos y estructuras de convivencia y supervivencia, un pacto en sintonía con la naturaleza que nos nutre, nutrir, incluso a lo desconocido. Reforestar el desierto consumido por una finalidad sin sentido, renacer, restaurar el paraíso perdido, abrir las puertas de nuestro destino a la flora y fauna que nos cobija y sacrificar aquello que ya no vivifica, no alimenta, y plantearnos porqué avanzar, y ¿hacia dónde? ¿hacia la extinción? o la supervivencia.

Creo que debemos re diseñar nuestra arquitectura interior, el ciudadano fallece exprimido y renace de sus cenizas trasformado en un anodíno arbusto cuya sombra alimenta nuestro furor y nuestro sagrado misterio.

Sin dudas que resolver ¿álguien quiere vivir?.

J. Camino

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