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En estos días se debate en las cortes estadounidenses un curioso caso que podría dar paso —en varios sentidos— a nuevas interpretaciones mucho menos estrictas de las leyes en torno al copyright. Curiosamente, la protagonista de esta transformación podría ser la pornografía.

Los antecedentes son los siguientes: de acuerdo con la Constitución de los Estados
Unidos, una cláusula de los derechos de autor especifica que para no obstaculizar el progreso científico y artístico, debe existir un periodo limitado al término del cual los derechos sobre un bien inmaterial expiran. En sentido parecido, una ley de California establece que las obras obscenas no favorecen ni a la ciencia ni al arte y, en consecuencia, no merecen la protección de la ley en cuando a la propiedad intelectual se refiere.

Amparada en estos recovecos legales, Liuxia Wong, acusada de violar los derechos de autor de cierta película pornográfica, contrademandó a la productora Hard Drive Productions, la cual le pedía 3,400 dólares por no proceder ante tribunales por haber compartido dicho material en BitTorrent sin su permiso.

La mujer, sin embargo, no se intimidó y buscó la ayuda de un abogado, y ahora, con firmes argumentos, podría, por un lado, acabar con estas prácticas extorsionadoras al parecer muy usuales entre los artífices de la industria del porno y, por otro, en una perspectiva mucho más amplia, contribuir a que las leyes de propiedad intelectual sean menos estrictas en su campo de acción.

O se declara al porno útil para el progreso de la ciencia y el arte o se concluye que todo producto intelectual es, potencialmente, inútil para el progreso de la ciencia y el arte.

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