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El ayuntamiento de la ciudad de Barcelona estudia diferentes propuestas que ayuden a paliar el cierre nocturno del metro de la ciudad; para ello inicia un concurso abierto a entidades lúdicas y festivas para conceder nuevas licencias de lucro del transporte nocturno. A día de hoy, diferentes e innovadoras propuestas invitan a pensar que quizá, en breve, los ciudadanos de la ciudad condal recuperen la movilidad nocturna.

De vuelta del aftershave en patinete, bajada en globo mientras baja el globo etílico, o directamente tumbarse a observar el amanecer mientras esperas el bus, son algunas de las medidas que los responsables de la ciudad estudian adoptar, aunque, destacamos una performance biodegradable que invita a recuperar un transporte tradicional, de toda la vida, el trayecto en burro, el burrometro.

El ajustamiento intenta captar burros, especie en vías de extinción, para optimizar el servicio; las autoridades estudian utilizar diferentes funcionarios agolpados en una fotocopiadora publica, ellos se niegan y el alcalde ha decidido adornarlos con cascabeles de colores para ayudar a digerir la idea; los burros comen poco pero defecan mucho, el cap dels mocos d,escaire nos explica que prevé un aumento de colisiones urbanas derribadas del contacto entre el auto tradicional y la mierda de burro.

Antes de que el servicio sea dado de alta, el ayuntamiento ha decidido incrementar el precio del ticket en un 42.2%, es decir, al ciudadano le sale mas barato realizar el camino de Santiago que subir al carro de la modernidad municipal.

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