Compañías como McDonalds o 7-Eleven encuentran valiosa a la música clásica: insuperable como arma para dispersar o ahuyentar jóvenes que vagan de manera amenazante por sus instalaciones. A esto ha sido reducida la música clásica desde un punto de vista corporativo utilitario, como una herramienta para evitar pandilleros, como si todos fueran Bart Simpson y los oídos de los jóvenes sólo pudieran tolerar los sonidos de aspertame musical –con endulcorantes artificiales- de los Black Eyed Peas o de Lady Gaga.

El LA Times tiene un interesante artículo en el que menciona cómo, pese a que recientemente las orquestas y demás ensambles de música clásica han sufrido una reducción en los presupuestos culturales destinados a financiarlos, los gobiernos y los corporaciones siguen usando la música clásica de manera efectiva para disperar grupos de adolescentes que consideran problemáticos. Los jóvenes de mal aspecto entran a McDonalds y de repente son atacados con Handel o Tchaikovsky, sonidos intolerables que de forma inconsciente los hacen dispersarse de estas áreas (podemos imaginar una novela futurista estilo Phillip K. Dick, donde las personas recuerden la música clásica diciendo “Ah, esos sonidos que utilizaban antes para evitar que los jóvenes se reunieran en público”).

En el más reciente ejemplo, el departamento de tránsito regional de Portland ha empezado a poner música de opera en las estaciones de tren para reducir el vandalismo y otros crímenes que resultan del exceso de tiempo libre de los adolescentes.

Una de las teorías por las cuales parece que este método es efectivo tiene que ver con las personas dejan de producir dopamina cuando son expuestas a cosas que no disfrutan o que les son poco familiares.

Por otra parte es interesante notar que los sonidos generalmente más armónicos y construidos con una mayor riqueza musical y una profundidad emocional se han vuelto molestos para los oídos modernos, inundados por la música fastfood, plastificada, que entrega su dosis sin necesidad de ningún refinamiento. La musica clásica sirve actualmente para hacer dormir a las personas o para hacer que los chicos huyan. ¿Qué dice esto del espíritu del hombe contemporáneo? ¿Es simplemente el resultado natural de la modernización y de que cada sociedad se siente atraído por lo nuevo y contextual? ¿O es una señal de la decadencia cultural de nuestra generación?

 

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