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Pep Guardiola nuevo y flamante ganador de los premio Nadalas de literatura y dopaje; máximo exponente del pensamiento nacional, recoge pelotas, filósofo, táctico pensador endiosado, recibe el galardón tras quince años de ascensos y ni un solo libro escrito; su talante, sus ruedas de prensa, las broncas a sus jugadores nos bastan para saborear y valorar al máximo exponente de la secta nacional; con orgullo, sin Pepe el arte y la cultura del balón tienden a desaparecer; destacamos su capacidad para integrar cuestiones transcendentales en el mundo de lo profano, de someter al genio y figura, de proyectar sobre la grada los valores empresariales necesarios para someter al lector medio.

Transfuga de los boixos nois, Pepe muestra su humildad a donde quiera que va, en Ferrari o en Audi, de Zara hasta en los entrenamientos; todo un ejemplo para nuestra juventud, su porte sectario y gregario es un noble reflejo para aquellos idolatrados guaperas de instituto, -sin juramento hipocrático-, medicando a todos la eterna Nadala del desconocimiento, secularizados, la indigencia mental. Palabras como “tíc y taca”, o, expresiones como “el puto amo”, muestran un panorama cultural floreciente, !giras por Soria!, !ancha es extraña!, señorio y analfabetos hasta en la graderia llamada fondo Zarzuela.

Pepe ha decidido donar la dote del premio a una entidad benéfica, curiosamente regentada por su buen amigo, el poeta Iñaqui Indangarin.

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